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WENDY ELIZBETH ÁVILA
Vinistes a despertar el alba
a juntar ases de sol,
como una niña
que coge ramitas en el bosque
y construye un nido a las aves,
nido de anhelos
con colores de miradas,
de rutas
con alientos de juegos
y olor a tierra y ombligo
que nos juegan la trampa, de decirnos:
aquí naciste,
de aquí es tu vida,
sueña, sueña, sueña,
que todo te pertenece
con sólo abrir los ojos
y dibujarle una sonrisa al horizonte.
Tu dificultad de respirar,
tu asma,
nunca impidió
tu capacidad de amar y de luchar
en la forja primorosa
de avivar a Morazán
e invitarlo,
a venir a tus sueños
y mostrarle tus vástago
y decirle:
Padre Nuestro,
esta es mi hija,
mi sentido de matria,
de mujer, de madre,
llévame para hacerle a ella,
y a todos los soles del futuro,
una patria,
un suelo,
un sueño,
un aire
un anhelo.
Los sátrapas envenenaron tus pulmones,
pero tu alma dice generosa:
¡Vivo, vive en mi la vida!
Te fusilaron a bombas,
pero vives,
vives, vives, vives
y con nosotros caminas,
tú abriendo las amplias alamedas,
nosotros, decididos
en una rebelión
que resucita a una nación entera,
que es la tuya,
la de todos y todas,
nacida de la sangre derramada.
En tu sepelio
hemos prometido:
¡La sangre derramada,
no será negociada!
La sangre mártir,
La sangre madre
La sangre matria,
La sangre tierra,
La sangre sol,
La sangre luna,
La sangre arrecife,
La sangre sal,
La sangre luz,
es de nuestras constelaciones
que nos guían,
nos dan voluntad
para vencer a la muerte.
93 días de honor y resistencia de un pueblo
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